martes, 22 de mayo de 2012

Humildad.



No confundas la autoconfianza o la solvencia con la arrogancia.

Tienes que confiar en tus posibilidades y en las de tu equipo. Tienes que ser consciente de tus conocimientos y de tu efectividad. Pero no te olvides; la humildad te llevará a una mayor capacidad de aprendizaje y esto es exactamente lo que queremos.

Desde la humildad (y el esfuerzo) te convertirás en un verdadero líder. Harás que los miembros de tu equipo no se sientan simplemente partícipes. Se sentirán implicados como líderes.

Leí a Carlos Andreu una frase paradigma de la humildad; “El surfista sabe que lo difícil no es subirse a la ola, si no mantenerse en la ola. Pero aun sabiéndolo… siempre es consciente de que la ola pasará y terminará”.



(Dedicado a Claudia Gutiérrez y a sus papás, hoy que para mi se conmemora uno de los días más importante de mi vida)


(Reeditado de otros lares)






martes, 13 de marzo de 2012

Un Gran Premio.






















Los muy aficionados a la Formula 1 quizás sí sepan que hasta el año 2.003 las
retransmisiones televisivas de los Grandes Premios las realizaba TVE. ¡Y ya
corría Fernando Alonso! (y hasta ese año el español ganó el Gran Premio de
Hungría). A mi desde luego me ha sorprendido mucho saberlo. Tenía la sensación
de que Tele5 tuvo los derechos de difusión de las carreras desde hace mucho más
tiempo y que lo de TVE era casi de la prehistoria.  Bueno. Nunca fui un gran aficionado a lo de
los coches.

En mi descargo diré también que creo que el error es justificable si lo vemos desde
la siguiente perspectiva. Antonio Lobato, el calvo de la F1, es el culpable.

Hablando desde un punto de vista absolutamente personal y falto de rigor periodístico,
creo que Antonio Lobato es un ejemplo fantástico de cómo alguien puede llegar a
convertirse en prácticamente imprescindible. Insustituible. A las pruebas me
remito. El periodista a viajado de Tele5 a La Sexta y ahora a Antena3, de la
mano de ese complejo y costoso mundo de los derechos televisivos.

Evidentemente su forma de dirigir y contar los desarrollos de las carreras deben gustar.
Entiendo que debe ser difícil imaginarse un domingo de bólidos sin oír su voz,
sin ver su cara detrás de un micro o simplemente seguir la carrera en otro
formato distinto al “patentado” por Lobato.

Sé también que tiene muchos detractores y estoy seguro que por motivos fundados.
Pero es que como todos sabemos, no se puede gustar a todo el mundo y además
casi siempre “quien siembra diferencias
recoge enemistades”
. Esto es normal.

Hagamos un rápido análisis. ¿Dónde está el secreto? ¿Cuál es el truco? Ninguno. No lo
hay. Todos sabemos como se hace.

1.- Lobato se ha especializado. Así es, se ha posicionado claramente como locutor de
F1. No hace otro tipo de retransmisiones, no presenta informativos ni tertulias
deportivas. Lo hacía, pero ya no. Sólo se dedica a los coches (que me imagino
que no será poco).

2.- Lobato se ha diferenciado. Introdujo elementos y características en sus retransmisiones
nunca vistas en otro tipo de deportes o por lo menos nunca vistas ni en motos
ni en coches.

3.- Lobato aporta valor. Las dos anteriores características “per se” deben traer
como consecuencia un gran aporte de valor y calidad. Si hay dedicación y
originalidad, el resultado debe llegar. 

Se acaba logrando el “Gran Premio”. Ser irremplazable.













viernes, 3 de febrero de 2012

Ocupen sus localidades.



El otro día twitteaba lo siguiente. (y perdón por la autocita)

Tienes que ocupar un lugar. Tu lugar. Si no lo haces los demás lo harán por ti y seguro que no te dejan la mejor butaca del teatro".

Bajo la presión de los 140 caracteres, quise compartir dos ideas sobre las que había estado pensando. De momento en Blogger me dejan extenderme algo más, así que ahí voy.

El primero de los conceptos sería el de la singularidad, lo que nos distingue, lo que nos hace únicos. Ya he hablado por aquí de este principio, pero creo que es lo suficientemente interesante y rico como para que le demos un “repasito” (en el buen sentido del término).

A todos nos pasa. Y cuando digo a todos es a todos. Todos tendemos en menor o mayor medida a mezclarnos en la masa. De una manera u otra hacemos muchas cosas porque es lo que todo el mundo suele hacer, lo que habitualmente se cree que es lo más correcto o lo que en tu sector se ha venido haciendo durante años.  

Este complejo de borrego adquiere su máxima versión cuando además procuramos o “nos procuran” asemejarnos a un modelo o prototipo de persona sin mérito especialmente destacable, salvo, si acaso, haber conseguido moverse en la masa durante años.

Esta querencia es por lo menos normal si tenemos en cuenta que esto ha sido lo que siempre nos han enseñado y donde nos hemos sentido cómodos. Protegidos. “Así seguro que no te equivocas”

Pero todo esto ha cambiado. Estar en la media o ser uno más ya no da los mismos resultados y por supuesto no te garantiza ninguna estabilidad, fundamentalmente por que te hace fácilmente reemplazable.

Para cambiar este hábito nada saludable, debemos meterle mano de inmediato al segundo concepto que encierra el tweet que hemos visto al principio. “Cuida de ti mismo”. Nadie lo va hacer por ti o por lo menos nadie lo va hacer mejor que tú mismo. Debemos comenzar un proceso por el que logremos identificar nuestros valores, los desarrollemos y los comuniquemos. Sin miedo.

¿Y por qué no? ¿Por qué no destacar? ¿Por qué no valorarnos? Si “la manera” de hacer las cosas ya no te da los mismos resultados o los resultados que te dan no son suficientes ¿qué tienes que perder? Tenemos que decir alto y claro qué cosas hacemos bien. Nuestros puntos fuertes. Así habremos dado el primer paso para convertirnos en una pieza clave.

No interiorices el modelo industrial. No eres una más de la multitud de piezas intercambiables, sino un ser humano único, y si tienes algo que decir, dilo y valórate a ti mismo mientras aprendes a decirlo mejor” (David Mamet).

sábado, 31 de diciembre de 2011

Una prueba de atención. Fíjate bien este 2.012.



Casi se me escapa el año 2.011 sin volver a perpetrar otras cuatro letritas juntas, que tan sólo blogger.com se atreve a calificar como "entrada".

Como en el 99% de periódicos, revistas, canales de televisión y radio, blogs, etc, etc, los temas para el final del año suelen ser recurrentes. Véase; Las noticias más relevantes, las imágenes más impactantes, alguna que otra broma o gazapo y al final, en casi todos los casos, despedidas para el año que dramáticamente se marcha y felicidad para el que inminentemente se acerca. 

En esta ocasión añadimos un elemento nuevo; casi todo el mundo se está encargando de que sepamos que el año 2.012 con toda seguridad será un periodo difícil y duro. Más aún que sus inmediatos predecesores y más aún que cualquiera de los que hayamos podido conocer la mayoría de nosotros. Espero que no se produzca un "Efecto Pigmalión" de dimensiones descomunales y que no añadamos más mierda al atasco (perdón por lo descriptivo de la expresión).

Lo que tenga que ser, será. No me cabe duda. Lo que los políticos, los banqueros y los mercados en general vayan a hacer, lo harán. Tenlo por seguro. En lo que creo que deberíamos centrarnos es en ¿y yo que voy a hacer? Vete pensándolo que ya creo que se están oyendo los cuartos del reloj de la Puerta del Sol (o del reloj de "Sol" a secas, como algunos han rebautizado a la madrileña plaza) y casi se oye el jaleo de las playas en verano.

Fíjate bien. Ahora más que nunca debemos prestar atención. Ese plus de concentración nos ayudará a mantener la mente clara, despejada y sin demasiadas distorsiones que nos impidan ver con claridad. Prestando atención, afinamos la puntería. Estableciendo metas, daremos mayor sentido a todo aquello que realicemos por que tendremos el reclamo perfecto. Nuestra eficacia ganará verdaderos enteros, ya que la "clarividencia" nos hará mejores gestores de nosotros mismos (de nuestro tiempo, de las prioridades...).

Comiendo el otro día con mi amigo Antonio, me habló de una conferencia que había visto del increíble Emilio Duró. Me decía que en una de sus charlas proyectó a los asistentes un vídeo sobre una prueba de atención realizada en 1.999 por Daniel J. Simons. Es muy curiosa. A continuación la enlazo, pidiendo que simplemente cuentes cuantas veces tocan la pelota los jugadores que visten camiseta blanca.

 

¿Has visto al mono o has contado los 15 pases del equipo blanco? ¿Has visto las dos cosas?

Propongámonos prestar suficiente atención y descubriremos mayores opciones. O mejor aún, descubriremos que realmente sólo vemos aquello que queremos ver.

Salud y felicidad para todos. Feliz año 2.012.
Álvaro.









martes, 13 de diciembre de 2011

Tengo que pintar mi casa.

Pensemos en la última vez que decidimos que teníamos que pintar nuestra casa, o en aquella vez que necesitamos recurrir a un especialista médico para que nos viera y tratara algún problemilla. ¿Cuántos de nosotros recurrimos a las páginas amarillas? Seguramente pocos o más bien ninguno.

Entonces, ¿por qué contactamos con ese pintor o con ese médico? Probablemente lo hicimos por la recomendación de algún familiar, amigo o compañero de trabajo. La elección estuvo entonces únicamente basada en la reputación que la opinión de los demás ha creado sobre estos profesionales. Con su valía y seguramente sin pretenderlo han creado una marca y esa marca ha sido el único motivo por el que los hemos seleccionado. La comunicación y transmisión de sus cualidades ha funcionado a la perfección.

Este sencillo ejemplo representa bajo mi punto de vista la esencia de la etiqueta personal y la importancia de los procesos de branding. Cuanta mayor conciencia tomemos sobre ello, más control ejerceremos sobre la imagen que queremos transmitir y la huella que queremos dejar.

La marca no engaña y no debería pretender engañar, ya que de intentarlo, el resultado sería exactamente el contrario al pretendido. ¿Dejaremos huella? Seguro que sí. ¿Tendremos una marca? También, pero será exactamente la contraria a la que queremos. No la hemos controlado y con ello habremos conseguido un estigma difícilmente borrable y que todo el mundo se ocupará en difundir convenientemente. ¿O acaso llamarías al pintor que trabajó en casa de tu amigo y  tardó meses en acabar? ¿Llamarías al pintor que hizo que tu amigo buscara al médico del que hemos hablado antes por a una crisis nerviosa?

Las marcas en las empresas persiguen, entre otras cosas,  comunicación y posicionamiento y esto es exactamente lo que perseguimos. Destacar aquello en lo que somos útiles y valiosos y que todo el mundo lo sepa. Si todo el mundo lo sabe, las expectativas de desarrollar tus cualidades y prestar tus servicios aumentarán y todo el mundo hará gran parte del trabajo por ti. 

Te recomendarán.